viernes, 28 de febrero de 2020

Suena el Silencio (1)




No hay partitura de Sevilla y su Semana Santa sin su Silencio. En cada saeta y marcha, el silencio mantiene el tiempo y marca la entrada o el final deslumbrante en el que viento y percusión al unísono rematan la chicotá.
No hay procesión en Sevilla en la que no suene el silencio. Sin director que lo marque, el silencio aparece de forma espontanea, casi mágica, para anunciar también ese momento sublime en el que el mundo calla. Silencio es el sonido de la espera a que la puerta se abra el Domingo de Ramos y que otra cierre en la Gloria. Silencio es el sonido del tiempo que pasa entre la última llamada y la levantá, también el de ese instante en el que paso queda suspendido en el aire para caer luego sobre el costalero y romper su cuerpo.
Silencio es también el sonido de la llama de un cirio que espera ser encendido, y el de la palma de una mano abierta que busca un caramelo. Silencio es el sonido de una mirada que mata; el de la duda si Nuestra Señora ríe o llora, y cuando descubres que un Cristo te habla. Silencio es el sonido de Sevilla en Semana Santa cuando alguien derrama la primera lágrima.

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