Qué tiene Sevilla que todo tiene dos caras, dos formas de
ver y ser que como Jano bifronte se dan la espalda; la Sevilla antigua de
calles estrechas y la de grandes avenidas; la Sevilla intramuros y la otra
allende de la muralla. Tiene Sevilla siempre dos caras, una de oro y otra de
plata; una en que la Giralda corona y otra sin sombra, mudas sus campanas.
Dos caras tiene también su Semana Santa: la del exorno y el
espectáculo, fenómeno de masas y bulla y la otra la del sentimiento solo o compartido,
el de la duda o el convencimiento. Una guarda recelosa sus tradiciones y dice
que reza, otra avanza y dicen que canta.
Y aquí una Saeta, muestra de esta dualidad, la del
culturalismo crítico que todavía cuestiona el verso machadiano y la otra que
hizo de una canción el libro sonoro de reglas de su propia hermandad. ¿Qué
tiene la Saeta que tiene un Cristo en la cruz y otro andando sobre las aguas? Dos
caras de una sola moneda y un solo sentimiento: Sevilla, siempre Sevilla, y su
Semana Santa.

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